sábado, 30 de noviembre de 2019

#unvioladorentucamino

Tenía que ir.
Cada día hay más violencias contra mujeres. Algo hay que hacer y algo más qué decir.
Son tantas violaciones y  son muchas las que mueren diariamente. Es la afrenta de mujeres  sobresaliendo, avanzando, que les enfada y nos violentan; ya nos cansamos de hacer como que no podemos, como que ni podemos. Como que no sabemos. El hartazgo llegó. 

Una amiga se apuntó para ir juntas y a la hora exacta dijo no podía. Ni hablar, voy sola.
Yo soy de las más viejas, y no me importa. Ser joven puede ser un privilegio pero a la vez es un tema crítico. Pero si crees que por ser vieja tienes desventaja te cuento: las niñas, las medianas y las viejas somos iguales. Mujeres al fin. Con todas acaban. 

El mensaje chileno es contundente. Es definitorio. 
El estado opresor es un macho violador. El violador eras tú, el violador eres tú. 

Todxs somos violadores. Al voltear la cara a otro lado, al hacer como que no ves, al solapar, al tolerar impunidad. Al culpar a las víctimas, al revictimizar. 

Participar en el performance no me da visibilidad, ni fama ni nada. Es por las que han matado, es por las niñas, por las mujeres que dejaron hijos solos. Es por las que viven a mi alrededor y no sabes quienes saldrán bien libradas. También por las que no conozco. 
Es por el dolor que provoca tanta crueldad.
Es porque alguien tiene que decirlo y gritarlo. 
Puedes decir que es catarsis, puedes decir lo que quieras. Es doloroso, es amenazante. 

Participar te da mucha emoción, es desbordante. Las jóvenes denuncian, sufren, temen. Las viejas y las niñas también. 

El estado opresor es un macho violador. 



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