viernes, 17 de febrero de 2017

aprendiendo a describir

Mientras esperaba tratando de estar tranquilo en el salón principal, escuchaba las risas de las seis mujeres que jugaban en la mesa de al lado. Una de ellas usaba ropa negra con visos de animal print. Sandalias altas con plataforma y los pies inmaculados producto de un minucioso pedicure. Las uñas de un rojo brillante hacían juego con el lápiz labial. Sus modales por demás vulgares. Tomaba las cartas que recién había repartido la otra señora, la del cabello muy corto, y al observar su juego las aventaba sobre la mesa "chingada madre, pero esto significa que Rafael sí me quiere". Cortaba un trozo de pastel y lo masticaba sin cuidado alguno. Volteaba a ver insistentemente a los señores de la mesa del fondo, quienes no dejaban pasar inadvertidas sus miradas.
¿Sabes quién está allá? Es Don quiensabequé, él estaba casado con perenganita pero en la devaluación quiensabecual se fue con un tipo que había hecho unos negocios muy grandes, y les fue muy bien. Éste señor se quedó solo, bueno, no sé si siga solo pero fíjate que esto aquello y lo otro. La del cabello corto miraba sus cartas con interés y las acomodaba cuidadosamente. Daba sorbos a su refresco y esperaba su turno. Su apariencia y el modo de sentarse justo en la orillita de la silla daba la impresión de tener una buena jugada. De seguro les iba a ganar esa partida. En el grupo había una señora gorda, que hablaba sin parar. El diálogo se llevaba entre la vulgar y ésta. ¿quién dices que hizo esos negocios? Porque yo conocí a un hermano de la esposa, y a él no le fue tan bien que digamos. La otra se altera: pero por eso, ella después les ayudó porque hasta donde yo supe hasta la casa tuvieron que vender. -Sì, sí vendieron la casa, la que estaba en Carrizalejo, pero de todos modos ellos tenían unos terrenos muy grandes que rentaban a unos viveros por la carretera nacional, entonces parece que allá se fueron a vivir. Entra a la conversación otra señora, una que hace movimientos rápidos y se remolinea continuamente en su silla. Pero yo supe que la esposa, la que lo dejó, ella tenía ya sus hijos grandes, casados y que los hijos estuvieron de acuerdo. Brinca la del animal print: ¿como no iban a estar de acuerdo, si el viejo estaba bien millonario? Cansado de la perorata, busca algún motivo que le permita no desesperar mientras llega la mujer a quien tanto trabajo le costó convencer para una cita. Pide otro café, y lo toma sin azúcar. Bastante le ha costado dejarlo, como para que en este momento un poco estresante vuelva a las andadas. El azúcar es como una mala jugada, piensa mientras pasea su mirada por el ventanal. A lo lejos se ven las magníficas montañas azules. La ciudad toda está rodeada de cerros. Unos más altos que otros y tienen en común construcciones de casas en sus laderas. Algunos, los más pequeños están poblados hasta la cúspide. Es curioso, pensó, los más pobres y los más ricos eligen vivir en las alturas. En el barrio donde estaba ese exclusivo restaurante las casas eran enormes, cargadas de cantera, los estilos tan variados pero sin protección adicional a las ventanas. La policia es la encargada de blindar el municipio que en algún momento ha sido el más rico de América Latina. Pero volvamos a la espera. Cuando terminó el segundo café empezó a dudar que ella llegaría. No quería que se notara que se estaba impacientando. Sacó su celular y revisó los mensajes, cuando confirmó no tener ninguno se aventuró al correo. ¿ y si le habia mandado uno avisando que no iría? Tampoco correo había recibido. Retomaría el hilo de alguna conversación ajena para entretenerse. Pero las mujeres habían dejado de jugar y sus voces habían bajado sustancialmente. Había empezado a hablar otra y explicaba algo que mantenía a todas atentas. A ratos parecía que se pondría a llorar, tenía las manos juntas y las secaba con la servilleta o las pasaba por su propia falda. Era evidente que lo que contaba era algo que no era sencillo para ninguna. De pronto la del animal print dijo en voz alta: pues déjalo. Si anda con otra, y tú estás segura, ya, déjate de tonterías. Eres la única que todavía tiene marido, de todas, y pos ya déjalo así volvemos a estar solteritas todas. Ese fue el punto de quiebre. La mujer soltó el llanto y se levantó para ir al baño. La siguieron otras dos y se encerraron. Mientras las tres que se quedaron empezaron a hablar de la aventura del marido y todas coincidieron en que la última en enterarse fue ella. Mientras, las luces del día se fueron apagando atrás de uno de los cerros. Se escondió el sol y él por fin se convenció de que no iba a llegar nunca. Pidió la cuenta, pagó y se fue.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Amor

El gallito

Cuando iba a cumplir cuarenta, viendo la vida pasar desde la ventana, por la parte de adentro siempre, como una presa, sintiéndose como un mueble mas, apareció de quién sabe donde.

Cuarenta no eran ni muchos ni pocos, pero los suficientes para estar bastante fastidiada de todo.  Él llegó en el momento preciso. Abrió la posibilidad de salir de esa nublazón, de esas tinieblas. El corazón le daba un vuelco cada vez que la llamaba, cada vez que se presentaba como no queriendo la cosa. Los pretextos no faltaban, le llevaba macizos de apio. Le llevaba lechugas fresquísimas. Manojos de betabeles.

La primera vez ella pensó: ¿qué quiere este muchacho con esa verdura? Sin embargo no le dijo nada. Lo aceptó y punto.

Pero cuando le llevó los rábanos, las cebollas y esas berenjenas tan lustrosas, le preguntó cual era la idea. Si intentaba cocinar algo con esos ingredientes, nomás no combinaba, entonces, ¿de qué se trataba?

El le dijo que no sabía qué llevarle, y esas verduras las habían cultivado con semillas del negocio de su familia. Que el venía de un pueblo del Pacífico y estaba terminando de estudiar aquí. Que lo que pasaba era que ella le gustaba mucho y quería agradarle.

¿Agradarle? El era un muchachote de veintitantos, guapo, de pocas palabras, ranchero con botas vaqueras y pantalones de mezclilla. Al principio ella ni siquiera lo había observado a detalle. Pero cuando él usó la palabra "agradarle", le miró hasta los poros de la nariz. Y vaya que el recuento de poros le gustó. Le encantó.

Lo que ella no entendía era qué quería ese nene. Para ella él era un nene. Ella tan harta de la vida. Los niños, un marido y un matrimonio que estaba muy lejos de llenar las expectativas de vida que ella tenía. Por otro lado, pensaba: ¿qué quería ella con ese nene? ¿apoco se atrevería a hacer algo con él? Ni que fuera una cualquiera, ella nunca le había faltado a su marido, ni siquiera para voltear a ver a otro. Pero, vaya que se sentía emocionada y atraída por ese muchacho.  No se imaginó nunca que ella pudiera gustarle a alguien. Su esposo siempre le decía algo negativo. Que si esto, que si lo otro. y aunque sabía que era bonita, que todavía estaba de buen ver,  que estaba en la flor de la vida, como decían... no pensó que podría gustarle a un muchacho tan joven. Luego pensaba: ¿y qué voy a ganar yo con ese muchacho? Nada, no voy a ganar nada...

En una palabra, no sabía qué hacer con el nene. ¿Salir a comer? ¿ir a cenar? El ya la había invitado varias veces y siempre le decía que no, que no podía. Y luego: ¿a donde ir? Ella tan casada. Nunca le había pesado tanto esa argolla en su anular izquierdo. A donde fuera, alguien la podría ver. Qué diría? Cómo explicar por qué andaba con ese muchachito? La vida no da tantas oportunidades, y nunca le había ofrecido una como ésta. ¿la dejaría pasar?

El problema eran tantas dudas.





 Raúl


 - ¿Dónde estuviste toda la tarde? ¿ A qué hora llegaste? No veo que hayas tendido la cama. ¿Por que andas tan encarrerada?

Raúl la observa con detenimiento y algo le nota, pero no sabe qué es. ¿te cortaste el pelo o qué? Ah, ya veo. Te pusiste esos pantalones que no me gusta que uses para andar en la calle, se te ven muy apretados. ¿ qué necesidad tienes de andar dando tentaciones por ahí?

También le ve un brillo diferente en la mirada, entre que quisiera llorar y como después de haberse reído mucho. ¿Te estuviste riendo o qué?

- Toda la tarde estuve en el parque de futbol, mientras los niños tienen su clase, ahí nos sentamos todas las mamás a platicar, pero había una resolana, yo creo que...

- Ya te he dicho que no te quiero ver platicando con esa bola de chismosas. No tienen ninguna necesidad de saber ni quienes somos, ni que comemos, ni pa donde vamos o a que horas vamos al supermercado. Por última vez te voy a pedir que dejes de hablar con esas brujas metiches.

- Yo no les platico nada de eso que dices, nos la pasamos hablando de si los niños hacen la tarea, de cómo son las maestras de la escuela, cosas así. Nadie pregunta nada. Y es nomás mientras que los niños juegan. No vengo encarrerada. La cama la había tendido pero Raulito llegó cansado y se quiso acostar un rato, por eso la volvió a destender.

 - Bueno, bueno, no rezongues y ya dame de cenar porque ya es muy tarde, ya casi son las ocho y me quiero dormir temprano, ando bien cansado. Marisa va a la cocina dando ligeros saltitos, se siente acalorada después del interrogatorio de su esposo, siente que tiene gotitas de sudor sobre el labio superior, y con cuidado se pasa un secador. Todavía siente sobre su boca el suave beso que le dio el nene. Su nene.

 Casi no lo puede creer. Mientras los niños estaban en el entrenamiento, Juan, el nene, llegó en su camioneta con vidrios polarizados. La invitó a dar una vuelta y literalmente, solo le dieron la vuelta al parque y se sentaron a conversar, ahí en la camioneta. El dejó prendido el radio en una estación donde tocaban música ranchera. Dijo que le gusta mucho la banda El recodo, que en su pueblo esa es la que se escucha. El cantaba trozos de una canción y ella veía como se movían sus labios mientras seguía el ritmo. Imposible que no se diera cuenta que sus ojos estaban fijos en la boca.

Sin percatarse cómo fue el acercamiento, el tomó su nuca y le dio un breve y profundo beso de manera tan imprevista que ni siquiera pudo decir que si o que no. De inmediato el corazón se agitó y ella volteó nerviosa hacia el parque, al lugar donde efectivamente estaban sentadas las mamás de los niños. Le preguntó: ¿qué tanto se ve para adentro desde allá? No se ve nada, no te preocupes. No me gustaría que vuelvas a besarme porque, por si ya se te olvidó, estoy casada. Mi esposo es muy celoso y yo no quiero tener problemas.

 -¿no te gustó mi beso?

Ella siguió mirando hacia otro lado. No contestó nada.  No quería que notara su estremecimiento, su descontrol. ¿Para eso ella era tan mayor que él? ¿Para que con un beso la desarmara de ese modo?

¿Que si le gustó? Le había gustado muchísimo. Pero no se lo iba a decir. En ese momento pensó que se habría vuelto loca. ¿A quien se le ocurre subirse a la camioneta de un casi desconocido, estar encerrada con el y además, besarlo? Yo estoy mal, no debo hacer esto. ¿Si me vieron las señoras? ¿Si me vio alguien y le van con el cuento a mi esposo?

Mientras hacía la cena no podía dejar de sentir los labios de él, la forma en que le abrió su boca y apenas alcanzó a sentir su lengua cuando, no sabe si se lo imaginó o ella se retiró rápidamente. Lo cierto es que él mantuvo su mano en la nuca por un momento, acariciando el nacimiento de su cabello. Ahora que lo recordaba volvía a sentir la caricia, sentía su mano,  y eso la mantenía emocionada y concentrada en sus pensamientos. ¿Tenía la cara roja? creía que todos la verían diferente.

 ¿Le puse sal a las papas o no?

 Tengo que probar la comida porque por estar pensando, ni se lo que hago.  Necesito quitarme estas ideas de la cabeza, no vaya a ser que Raúl se de cuenta. Debo actuar con normalidad, creo que se me nota en la boca que me besó. Se asomó al espejo que formaba el vidrio del mueble de la cocina para verse la cara. ¿y si algo se me nota? ¿pero cómo se me va a notar?

Ya debo dejar de darle tantas vueltas al asunto.

 -continuarà-

viernes, 2 de enero de 2015

¿Gripe? ¿Influenza?

Con la finalidad de no olvidar, escribo esto.

Mediados de diciembre, 2014.

Un buen día, sábado,  frío, bañé perros, lavé patio y medio me mojé los pies y me enfrié.

Para el lunes estaba con gripe. El martes fuí con la doctora homeópata, ya tenía escurrimiento nasal y ojos llorosos. La cabeza me dolía un montón. Me dió chochitos, me puso acupuntura y empecé mi tratamiento.
El miércoles sentí que no mejoraba absolutamnete nada. Al contrario, estaba peor. Me dolían los oídos, estaba muy congestionada.

El jueves fuí con doctora alópata, dijo que tomara un antigripal,  agrifen, nimesulida y me dio tres inyecciones de lincocin.  Me empecé a mejorar, bien! Toda la semana no pude ver a mis nietos. Le dije a mi hija que los niños ya se habrán olvidado de mí. Los extraño!

Fuí a una cena, no tomé helado pero sí anduve en el frío. Después fuimos Ricardo y yo a un brindis de navidad donde sí tomé hielo.
El domingo fuimos a la casa de Lucinda y evité alcohol, frío, humo, todo. Estuve muy resguardada dentro de casa. Empecé a estornudar de nuevo y a que me lloraran los ojos. Me dio tos.

El lunes me empecé a sentir más mal. Me empezaron a doler las piernas. Otra vez a generar mocos y tos.
El martes fuí con doctora alópata.
Me dolía el cuello, por los lados, sin poder girar bien la cabeza, que dolía mucho. También la nuca, a la altura de las vértebras. La espalda parecía que me la hubieran apaleado, y encima, traer algo muy pesado cargando. También me dolía la cintura. La carne parecía que -a ratos- me la picaban como con agujas. Era un dolor punzante en cierto lugar que luego se extendía. No podía levantar con libertad los brazos, las articulaciones todas me dolían. Las ingles, los empeines, las muñecas, las rodillas, los codos, los hombros, hasta los dedos me dolían. Mucha tos.
Me empezaron a dar como calambres en el estómago. Me dolía todo.
Además, me empezò a dar fiebre. No una cosa exagerada, sino que me despertaba por la noche bañada en sudor. Tomé la temperatura y una vez subió a 37.4 no más.

Me dió otro antigripal e ibuprofeno. Un antibiótico de amplio espectro, y me dijo que si el dolor no se me quitaba, comprara dolo neurobion retard. Ricardo me lo fue a traer el miércoles que sentía tanto dolor.

El hambre se había ido. Tenía que comer algo, entonces comía  muy poquito.
Batallaba para subir la escalera, las piernas parecían muy pesadas. Por las noches la garganta se secaba, hice miel con limón y le daba una cucharadita. Tomé mucha agua. Me hacía un litro de té de toronjil, de boldo, de manzanilla, de anís, y me tomaba vasos de medio litro en cada vez. Tibio.

Voy mejorando, aunque ahora siento el estómago muy maltratado por tantas medicinas. Empecé a tomar ranitidina para mejorar su condición. Ayer le agregué omeprazol. Hoy tomé mucha agua en ayunas, para empezar a limpiar tanto residuo. Seguiré tomando boldo que ayuda al hígado.

El próximo invierno necesito tomar medidas preventivas para evitar enfermarme. Cada vez tengo más años y el cuerpo ya no responde a las enfermedades tan rápido.

Dice la doctora que actualmente hay algunas cepas de virus de gripe muy resistentes a los medicamentos, y al sistema inmunológico. ¿cómo pelear con ellos sin juventud?

miércoles, 17 de diciembre de 2014

La historia se escribe con…



En los años sesenta, en casa teníamos una radio de onda corta, de marca Telefunken. A mí me gustaba mucho girar los dos sintonizadores escuchando el sonido sordo entre banda y banda, algo así como iuuuuuuuuu, uuuuuuuuuuuuu. Con suerte ubicaba una estación y escuchaba idiomas incomprensibles para mí. Mi padre se encargaba de hacerme saber: ese es alemán, ésos hablan francés.

Y entonces papá me explicaba algo sobre esas personas que hablaban de cosas que yo ni imaginaba, mucho menos pensaba dónde podrían estar. Tampoco es que supusiera que estaban dentro de la radio. Para eso tenía yo quien me explicara todo sobre las culturas, los idiomas, los países.

La estación que escuchaba en perfecto español, era Radio Habana Cuba. Y como si fuera ayer, recuerdo los eslógans: Radio Habana Cuba. Transmitiendo desde La Habana, Cuba. En Radio Habana son las 4: 27. Ese fue mi primer encuentro con Cuba.

El siguiente fue un viaje que hizo mi hermano, después del cual mensualmente llegaban a la casa la revista Bohemia y el periódico Granma. Papel color amarillento, tinta fina, no se te pegaba en los dedos como algunos diarios mexicanos. Yo leía todo aquéllo y veía esas interesantes fotografías de gente alegre y trabajadora. Las publicaciones hablaban de progreso, de comunismo, de lo que el comandante Fidel decía sobre esto o aquéllo. Inauguraban espacios, salían estudiando, bailando o tocando instrumentos musicales.

Un día tuvimos que hacer una pira con las publicaciones porque el asunto se complicó. Mi hermano en la cárcel, todos sufriendo y la amenaza de ser considerados comunistas, rojillos, de estar contra el sistema. Las publicaciones nos incriminaban. A mi hermano peor. Pero Cuba no dejó de mandar las revistas. Qué va. Tampoco dejaron - la sociedad, nuestros allegados- de considerarnos diferentes. Revolucionarios. 

Siendo adolescente, mientras yo no terminaba de entender la causa del encierro, tuve la ocurrencia de enviar una carta a la dirección que aparecía en alguna de las publicaciones. Pensé que yo podía ir a Cuba. Irme. Hice la carta mientras estaba en la casa de mi mejor amiga. Les preguntaba qué se necesitaba para ir a ese país. Compré timbres postales. A mi amiga se lo dije y me contestó: estás loca. Jamás tuve respuesta de esa carta.

La siguiente ocasión fue un pequeño viaje que hicimos cinco amigas y yo, entre ellas mi hermana, que es mi amiga también. Nos alborotamos y nos inscribimos en un Congreso de Pedagogía y allá vamos.
Era el año dos mil uno y todavía estaba Fidel. De hecho, nos tuvimos que fletar un discurso que el Comandante dió en el auditorio Karl Marx, el cual duró la friolera de siete horas. Fidel habló durante siete horas en un discurso coherente y largo, haciendo participar a los ministros que lo acompañaban. Cuando quería dar una cifra, le preguntaba a alguno de ellos: cuántos televisores vamos a emplear para el proyecto? Y el otro contestaba puntualmnete, después de lo cual Fidel continuaba con su perorata lúcida y explicaba un proyecto educativo en un afán de hacer llegar hasta el último rincón la educación a distancia. Sobra decir que durante las siete horas, nosotras salimos del teatro, fuimos a buscar algo qué comer. Una vecina nos vendió un sandwich de huevo revuelto. Guisado solo con sal. En un pedazo de baguette. Eso iba acompañado de un pequeño vaso de refresco anaranjado.  Volvimos al discurso. Dormimos una siesta y Fidel no paraba de hablar. Pero los cubanos que estaban en el teatro le escuchaban con atención. Esperaron pacientemente a que terminara y le aplaudieron de pie ovacionándolo.

Pudimos conversar con mucha gente. Una tarde nos pusimos a hacer fila en el parque Coppelia para comprar un helado. Pero nos dimos cuenta que no traíamos dinero cubano y le pedimos a un señor que nos comprara los helados.  Luego le dimos al hombre un par de dólares. La nieve nos costó muy poco dinero. Nos sentamos con él en una mesa metálica con sillitas minúsculas.

Una de mis amigas se hizo de un novio. Él nos llevó a un lugar a bailar. Ni pienses que éramos el centro de atención. El asunto era el turismo sexual. Las morenitas pequeñititas en las piernas de señores mayores. La música era genial. Una banda tocando sones y salsa cubana.

Entre las personas con quienes platicamos había quienes estaban a favor del sistema comunista y otras que no. La mayoría estaba de acuerdo. Educados en la pedagogía Martiana.

En la calle y en los taxis piratas, sin embargo, nuestra presencia sí era importante. No puedo decir cuántos piropos recibimos, porque se me fue la cuenta. Ofertas de matrimonio, alabando nuestras cualidades, entonces todavía no tenía yo un análisis del piropeo. Los morenos o los rubios iban con sus parejas y abiertamente volteaban a vernos y hasta nos podían piropear frente a sus mujeres. Yo siempre he dicho que la sonrisa no se nos borró de la cara en varios meses. La pasamos muy bien.

Hoy que se reanudan relaciones diplomáticas entre EUA y Cuba, escucho a Silvio Rodríguez y a José María Vitier. Hoy que intercambiaron presos por humanidad, pienso que perdimos la oportunidad de volver a visitar la Cuba aquélla con panorámicos enormes con frases del Che Guevara (enorme también) con el idealismo rampante que sin embargo tuvo al pueblo con hambre tantos años, aunque el racionamiento les hiciera llegar lo mínimo.Siempre fue escaso. Siempre tuvieron muchas necesidades. El mercado negro -desde siempre- les puso al alcance de la mano prácticamente todo. El problema es y seguirá siendo el dinero. 

Imagino que el capitalismo hará de las suyas. No hay educación Martiana que pueda resistir a la globalización. Ni al neoliberalismo.


Ya no escucharemos yanquis go home, ni nada que tenga que ver con ese momento histórico-romántico-fructífero. 

La historia se escribe con tinta invisible.



sábado, 28 de septiembre de 2013

Libertad tras las rejas



Aunque parezca inverosímil, la estulticia humana sigue haciendo de las suyas, y vaya que el catálogo es amplísimo, vasto, inagotable.
Al oriente de Guadalupe, N. L. se encuentra la colonia Libertad, poblada por gente que en algún momento fué situada en la clase media. Ahora podemos situarles en la edad media. Y ya podemos cambiarle el nombre a la colonia, porque ahora se encuentra enrejada. Le podemos decir: colonia ex-libertad, o colonia no-libertad, o colonia anti-libertad, sería más congruente.
La calle 10 de mayo que atraviesa la colonia y conecta Constitución con Miguel Alemán, ha sido bloqueada por una reja aparentemente a solicitud de Los vecinos, quienes intentan mejorar su seguridad  impidiendo el paso a peatones y automóviles.
De un tiempo a la fecha, la ciudadanía se encuentra totalmente confundida y ante el reto de la impunidad, corrupción y liderazgo de las diferentes bandas , están tomamdo decisiones absurdas y desesperadas buscando la paz perdida.
La incompetencia de las autoridades,  unida a la ignorancia y abuso de poder, permiten acciones como la instalación de barreras que impiden el libre tránsito. Seguramente desconocen que existe la Constitución Mexicana y que en el articulado se encuentra el tema de las garantías individuales y que una de ellas, referente a la  libertad, consigna el libre tránsito por el territorio nacional.
En el caso de esta colonia,  la flamante nueva reja-barda está pintada con los emblemáticos colores oficiales del municipio, lo cual indica claramente que sus autiridades estuvieron de acuerdo con su instalación, y aunque no es el único caso en la zone metropolitana, sí parece ejemplificar de la manera más nítida la situación que vive el país. Temerosos, asustados, encerrados. Entre las bandas criminales y las bandadas de militares, policías, marinos, federales, estatales y municipales, la ciudadanía prefiere encerrarse entre muros y rejas. Como si eso solucionara algo.
La libertad se coarta de maneras incontables, concebibles e inconcebibles.
El movimiento de la Revolución Francesa, inspiración de tantas otras revoluciones buscando cumplir las más altas aspiraciones de los seres humanos: libertad,  igualdad y fraternidad, hoy pueden saberse ignorados y  pisoteados por la estulticia.
Hoy vemos con mucho coraje como esas oscuras intenciones doblegan el pensamiento, la razón y el humanismo, y el unico poder humano que vale hoy, es el que ha podido doblegar al país entero, y de sobra está decirlo.
La libertad se encuentra tras las rejas. Nada más claro y doloroso.

Aunque parezca inverosímil, la estulticia humana sigue haciendo de las suyas, y vaya que el catálogo es amplísimo, vasto, inagotable.
Al oriente de Guadalupe, N. L. se encuentra la colonia Libertad, poblada por gente que en algún momento fué situada en la clase media. Ahora podemos situarles en la edad media. Y ya podemos cambiarle el nombre a la colonia, porque ahora se encuentra enrejada. Le podemos decir: colonia ex-libertad, o colonia no-libertad, o colonia anti-libertad, sería más congruente.
La calle 10 de mayo que atraviesa la colonia y conecta Constitución con Miguel Alemán, ha sido bloqueada por una reja aparentemente a solicitud de Los vecinos, quienes intentan mejorar su seguridad  impidiendo el paso a peatones y automóbiles.
De un tiempo a la fecha, la ciudadanía se encuentra totalmente confundida y ante el reto de la impunidad, corrupción y liderazgo de las diferentes bandas , están tomamdo decisiones absurdas y desesperadas buscando la paz perdida.
La incompetencia de las autiridades,  unida a la ignorancia y abuso de poder, permiten acciones como la instalación de barreras que impiden el libre teàmsito. Seguramente desconocen que existe la Constitución Mexicana y que en el articulado se encuentra el tema de las garantías individuales y que una de llas, referente a la  libertad, consigna el libre tránsito por el territorio nacional.
En el caso de esta colonia,  la flamante nueva reja-barda está pintada con los emblemáticos colores oficiales del municipio, lo cual indica claramente que sus autiridades estuvieron de acuerdo con su instalación, y aunque no es el único caso en la zone metropolitana, sí parece ejemplificar de la manera más nítida la situación que vive el país. Temerosos, asustados, encerrados. Entre las bandas criminales y las bandadas de militares, policías, marinos, federales, estatales y municipales, la ciudadanía prefiere encerrarse entre muros y rejas. Como si eso solucionara algo.
La libertad se coarta de maneras incontables, concebibles e inconcebibles.
El movimiento de la Revolución Francesa, inspiración de tantas otras revoluciones buscando cumplir las más altas aspiraciones de los seres humanos: libertad,  igualdad y fraternidad, hoy pueden saberse ignorados y  pisoteados por la estulticia.
Hoy vemos con mucho coraje como esas oscuras intenciones doblegan el pensamiento, la razón y el humanismo, y el unico poder humano que vale hoy, es el que ha podido doblegar al país entero, y de sobra está decirlo.
La libertad se encuentra tras las rejas. Nada más claro y doloroso.

lunes, 3 de junio de 2013

Merolicos "modernos"


Nora Carolina Rodríguez Sánchez
Muy cerca nuestro, se desenvuelve dentro de su burbuja de entusiasmo, positivismo, buen humor y buenas vibras el respetadísimo Dr. Buena Onda. Tiene una trayectoria de más de 18 años como merolico, digo, como motivador, capacitador y conferencista en temas de calidad. Tiene una empresa que lleva su nombre, con el subtítulo Conferencias y seminarios de calidad. Más de 10 millones lo han oído. Tiene un programa diario en la radio que llega al centro de la República Mexicana y a California, E.U. Lo contratan empresas, escuelas, sindicatos, va a fiestas y celebraciones, es muy conocido y casi toda la gente que le escucha se embelesa con la charla amena, superficial, digerible, con poco contenido pero muy comprensible, pragmático y, además, al decir de las mayorías seguidoras de sus maravillosas reflexiones, sirve muchísimo.

En todos los tiempos ha existido la charlatanería. La novedad es que en pleno siglo XXI este tipo de parásitos siga teniendo éxito. Y a medida que se da el progreso, los recursos que éste le aporta son invaluables: para que sus enseñanzas y reflexiones lleguen a cualquier persona ha impreso libros y grabado CD’s, audiolibros, libros electrónicos. Está en twitter, en Facebook tiene al menos dos sitios donde sus seguidores suman más de 21 mil. Puedes comprar sus productos por Internet y pagar con Visa, MasterCard o Pay Pal, descargar la aplicación para tu iphone. Ha formado un equipo de 16 profesionistas integrado por médicos, psicólogos, abogados, un experto en temas de calidad y un sacerdote.

Los comerciales y los refranes lo dicen: puedes ver el vaso medio lleno o medio vacío. Este doctor y su equipo se encargan de lograr que todo mundo lo vea medio lleno y con tendencia a llenarse, siempre.

La complejidad del entramado social, la transición del mundo moderno hacia la globalización, las constantes crisis económicas, entre otros factores, implican cambios en la interpretación de la realidad que, para algunas personas, no son perceptibles o no es fácil encuadrarlos en un diferente marco. Sin mencionar estos tiempos obscuros debidos tanto al crimen organizado como a la desorganización generada por un sistema fatal de gobierno. Las dificultades personales o de grupo, los cambios en la estructura familiar por causas económicas, sociales y hasta amorosas, trastocan la vida de mucha gente.

Esta gente es terreno fértil para el pregón, para la conferencia, para la reflexión, como denomina a estas tareas el merolico posmoderno. Sus palabras ayudan a la gente, son prácticas, positivas, hasta te hacen reír. Es muy interesante cómo a algunas personas les encanta verse ridiculizadas por este hombre. Te cuestiona el para qué preocuparte, en el entendido de que todo el mundo tiene problemas –mal de muchos, consuelo de tontos-, en el entendido de que si el problema tiene solución, no hay por qué preocuparse y, si no la tiene, con mayor razón es inútil preocuparse. Te infunde amor al prójimo, a la madre, al padre, a los hijos. Te cuestiona para qué discutir, no tiene caso; por qué refunfuñar de tus jefes, de las autoridades, en una palabra, te pide que no pienses tanto, ya que la vida es placentera, bonita, simple. Te da consejos, te dice que fortalezcas tus debilidades y aproveches tus fortalezas (sic); esto es, utiliza lo fuerte que eres para ampliar tus debilidades. Afirma que la obediencia es una virtud que desarrolla el carácter. Yo no sabría exactamente cómo interpretar esto, ¿la recomendación es que te sometas, que obedezcas para tener un carácter blandengue, un carácter oprimido, suprimido, nulo? Te da información sobre cómo detectar a un mentiroso. No sabemos si alguien pueda usar esa información para mentir profesionalmente… ¡Vaya! Si su público se detuviera a analizar el discurso de este motivador profesional, de seguro no tendría el éxito comercial que hoy tiene. El problema no es que tenga éxito comercial, en estos tiempos de libre comercio cada quien se puede enriquecer vendiendo lo que sea, hasta ilusiones. El problema es que pudiendo usar la palabra para algo realmente constructivo, la usa para entretener y mediatizar un discurso tendiente al sometimiento y la falta de juicio crítico.

Pero no tenemos un pueblo cuestionador, y quienes podrían cuestionar, se complacen en difundir este mismo mensaje superficial y anodino. Es mejor tener a la gente contenta, riendo a carcajadas de las simplezas y analogías bastas de nuestro nunca bien ponderado doctorcito. La vida es complicada; los problemas sociales, inmensos; la situación económica, caótica y sin atisbos de mejoría; los momentos para relajarnos y poder disfrutar son pocos, como cuando escuchamos a este hombre, me dijo una amiga, y tú, con tanta amargura, quieres echarnos a perder el rato.
Nora Carolina Rodríguez Sánchez

miércoles, 6 de marzo de 2013

Domingo en la Alameda

El pasado domingo fuimos a la Alameda, ahora remozada por las últimas administraciones municipales, y aunque las instalaciones se ven bien, no es de primer mundo.
Los escalones que hacen llegar al foro del teatro hundido están cómodos y los lugares donde te sientas son amplios, el problema es que se encuentra muy sucio el lugar.
El colectivo La Trenza que agrupa a diferentes asociaciones feministas organizó un evento para conmemorar el día Internacional de las Mujeres del 2013.
Particularmente yo fuí a escuchar a Araceli Collazo, pero de paso me tocó oír a otras personas cantar, y alguien leyó un texto alusivo a los feminicidios. Mis amigas feministas presentaban a los/las artistas y hacían alusiones a la fecha, así como las recomendaciones de la Cedaw para México.
Bailoteamos un poco y nos divertimos. Ricardo dice que adoptamos actitudes que semejan el machismo, pretende decir hembristas, pero está equivocado.
Así como la falta de limpieza de la plaza, las creencias y actitudes de los otros/de las otras no dependen de mí.
Cuando el evento terminó, Ricardo, Alexis y yo caminamos un poco por la Alameda y encontramos una banda de música de Oaxaca. En un pasillo amplio se acomodaron y de manera espontánea organizaron una pista de baile. Migrantes de diferentes lugares que han llegado a Monterrey hicieron un redondel y observaban atentamente a quienes bailaban.
Yo me imaginé que ellos, acá, hacen cosas que les recuerda sus lugares de origen. Con una mezcla sincrética bailan mientras los observadores graban con sus teléfonos celulares el evento.
Me llamó mucho la atención que al empezar una nueva melodía, dos hombres salían a la pista, desde diferentes puntos y bailaban completamente solos, paseándose entre las parejas luciendo sus sombreros y sus botas picudas. Ellos no tenían ningún interés en bailar con alguien. Al terminar la canción, uno de ellos depositó unas monedas en una caja que la Banda tenía en el suelo.
Las muchachas hacen grupitos y los hombres van a "sacarlas" a bailar. Ellas no se niegan. Casi todas las mujeres van vestidas a la manera occidental, o como diría alguien, como ladinas, sin embargo una de las muchachas vestía un ajustado vestido que no es considerado "para el diario". Era un vestido como de fiesta, una minifalda y unos zapatos de plataforma y tacón muy alto. Ella bailaba con cierto desdén, parecía que hacía un favor bailando con los jóvenes y no parecía divertirse. El resto sí.

Aquí un pequeño video:  Banda de Oaxaca en la Alameda
Y una fotografía: Mujeres bajo el sol