lunes, 19 de marzo de 2012

Tatuajes

Los prejuicios que me habían enseñado, me decían que no era bueno tatuarse. Que nomás los vagos, los borrachos, las guercas locas se tatuaban. La gente que se droga. Para los marineros o los presos eran los tatuajes. Eso no es cierto y para mí,  tienen un raro encanto, me seducen y siempre había querido uno. Ya tengo dos. ya el mundo puede hacer sus juicios, sus conjeturas, no me había de morir con las ganas de estar decorada.
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1 comentario:

Nora C. Rodríguez Sánchez dijo...

Y la otra cuestión es que el tiempo se agota... en mi cuerpo van quedando huellas de su paso y entre canas, arrugas y ahora piedras en la vesícula... al menos una flor en el tatuaje alegra mi piel y mi corazón!