jueves, 29 de julio de 2010

Nostalgia

Esto, tengo que escribirlo...
Lo que voy a contar era hace muchos, muchos años, cuando solo eramos capitalistas, tercermundistas, clasemedieros, aspirantes al progreso, cuando no eramos neoliberales ni habiamos entrado a la globalización.
La gente hacía su ropa. Cosía. Las máquinas de coser eran muy cotizadas, las telas eran hermosas, las tiendas vendían patrones mcalls o simplicity, existían unos libros enormes donde elegías tu patron y buscabas en un archivero donde estaban todos y cada uno de los anunciados en los librotes.
Ademas, existian las modistas, que te confeccionaban tu ropa a tu gusto, de tu talla.
Aunque aun hay quienes deciden coser o mandar hacer su ropa, la llegada de las maquiladoras dio paso a la sobreoferta de prendas, de tal manera que por cantidades risibles puedes comprar cuanta ropa quieras.
Además, en nuestra ciudad se venden prendas de segunda mano o de baja calidad, o saldos de tiendas norteamericanas, así que podemos traer vestidos de diseñador/a por cantidades nimias.
Calvin Klein, Anne Klein, tiendas como Gap, Banana Republic, Hollister, Mauricio, solo por mencionar algunas, abaratan la ropa ridículamente.
En fin, a mi siempre me ha gustado coser, y si había dejado de hacerlo fue`por varias razones: la primera, que a mi hija los vestidos que le confeccionaba, le daban calor, le calaban.
Otra razón fue que me dediqué a trabajar para sobrevivir y no tuve ni máquina ni tiempo para hacerlo.
La otra razón fue que está a mi alcance la posibilidad de comprar la ropa en mcallen o en algún lado americano, así como comprar esas ropas de saldo. Llegue a traer una blusa de Paul Gaultier, que me había costado algo así como tres dolares.
Ahora que puedo volver a coser, que tengo una máquina que también adquirí a precio risible, me encuentro con que ya ni venden patrones en mi ciudad, y que las telas son horribles y calurientas, que los materiales para elaborar manualidades están prefabricados, pre ensamblados, están hechos en serie y son de pésimo gusto, corrientes, chafos.
Hoy pasé por la tienda El Niágara, que si mal no recuerdo es de los Dieck, una familia árabe que se asentó en la localidad y que nos proveían de cuanto hilo, liston, zipper o botón necesitáramos. Atienden aun dos mujeres a quienes reconocí después de mas de veinte años de no ir a esa tienda. Están avejentadas, limpias, pulcras, una de ellas tiene un movimiento involuntario de su cabeza, luce delgada, cabello cano muy bien peinadita. La otra sufrió una parálisis facial y se ve un poco mas vieja, ella engordó un poco. Cuando le comenté a la primera que estaba retomando mi afición por la costura y necesitaba material para un juguetito, me dijo que ya casi nadie cose y que nadie hace manualidades. Le dije que la reconocía de hacía tantisimo tiempo y le dio mucho gusto. Nos despedimos deseándole yo su bienestar y ella, suerte en mi tarea.
No puedo dejar de sentir nostalgia por lo que ya se fue. Por lo que un día tuvimos y ahora ya no existe. ¿Tendremos que olvidar lo perdido?

1 comentario:

La Maga de Lioncourt dijo...

Que lindas tus ganas!! Tengo que desearte suerte, pero te confieso que también me da cierta envidia, pues yo para manualidades o trabajos así de creativos, no sirvo.

No te rindas, en algún lado deben estar esperando las telas hermosas para tus futuras creaciones!!

Beso grande!